viernes, julio 19, 2024

Mi soledad y yo

Cuando era niña y llegaban las vacaciones sentía mucho vacío. Realmente ese vacío me acompañó casi siempre.

El estar en casa sola siempre me entristecía, cada vez que me tocaba estar encerrada sin poder salir y hablar con alguien me sumía en una profunda depresión.

Esta sensación la borró el trabajo, no tenía tiempo de sentirme sola. El tráfico y el cansancio no me permitían sentirme vacía.

En el 2020 creí que me volvería loca entre tanto encierro, fueron 2 años de estar confinandos sin poder ver a nadie por miedo a contagiar o ser contagiados.

La pandemia nos trajo el trabajo remoto que hace que tengamos más tiempo en las noches ya que nos evitamos el tráfico de los viajes diarios y el cansancio que eso nos produce. Ese tiempo a estas alturas hace que me vuelva esa sensación de vacío. Sentir que eres invisible mientras todos hacen su vida.

Ya no miro las calles por la mirilla de la puerta, ni observo a las personas pasar por horas. Hoy hay otras formas de observar: Las redes sociales.
Y nuevamente me siento aislada del mundo, de las personas, de la vida. Nuevamente veo el mundo girar sin mí a las personas hacer su vida y yo estoy sentada mirando sola con ese profundo pesar en el pecho, con la sensación de vacío y soledad. Con las ganas de ser feliz como los demás pero sin mucha esperanza al futuro.



martes, noviembre 23, 2021

Simplemente yo

¿Y si no soy lo que yo creia ser? 
¿y si al final soy tan simple y tan común que por eso la gente me olvida?
¿y si al final no soy tan especial como me decían?
Yo ya no me siento especial, me siento la más común de todas las mortales a veces creo que todo lo que viví fue un sueño a veces creo que todo lo que viví fue una mentira, veo a la misma gente de siempre y siento su decepción sobre mí y no sé qué hacer porque no quiero cambiar, esto es lo que soy ahora y así como antes encontré a quienes me aceptaban como era, espero ahora encontrar buenas personas que me acepten como: soy tan simple y tan común. Será más difícil sí pero no será imposible

domingo, abril 29, 2018

Recordando

Hoy viendo una serie del 96 me recordaba adolescente viéndola, recordándola al otro día porque todo lo que veía daba siempre vueltas en mi cabeza una y otra vez.
Me recordaba con una blusa celeste a rayas sentaba, escuchando música y haciendo tareas.
Me recordaba caminando hacia la urba San Pedro. Me recordaba sentada en unos escalones conversando quien sabe de qué pero riendo, siempre riendo.
Recordaba mis preocupaciones y mis tristezas.
Hoy también hace frío, igual que en aquellas épocas. Todo es distinto ahora pero me doy cuenta que en el fondo muy en el fondo de manera casi imperceptible, yo sigo siendo la misma.

sábado, junio 24, 2017

Mi querido Perú

Si una joven casi es violada y procede atemorizada a refugiarse a una comisaria a buscar protección con nuestros policías, se burlan de ella y la regresan a su casa. Si tiene la suerte de toparse con un buen policía, se topa con un mal fiscal, si tiene la suerte que ser oida se cruza con un juez corrupto si no es asi la burocracia hace que pasen años y años y no encuentre justicia y vive atemorizada pensando que ese hombre que anda suelto puede tomar represalias e intentar lastimarla nuevamente. La justicia le enseñó que su vida no vale nada.

Si un conductor comete un delito pero tiene «vara» seguirá en las calles cometiendo las mismas imprudencias porque aprendió que la vida de los demás y la suya misma no tiene valor. Y si uno que es sancionado por delitos menores es capturado, concluye que las personas que hacen lo correcto no valen nada.

Una empresa pequeña tiene una deuda y le cierran el local sin poder generar ingresos ni poder pagar su deuda, mientras que otras empresas grandes tienen millonadas en deudas y siguen trabajando. El pequeño empresario piensa que por ser pequeño no es considerado, sufre un maltrato.

Si una comunidad harta de tantos robos decide defenderse porque todavia le queda algo de amor por su propia vida y la justicia defiende al delincuente antes que a la población, estos terminan por creer que realmente su vida no vale la pena.

Luego nos preguntamos porqué tanta muerte es este país. Si el Estado y nuestras autoridades al no protegernos nos hacen sentir que no valemos. Si ante tanta corrupción cada vez nuestra autoestima está por los suelos. Si la autoestima es seguridad ¿qué seguridad tenemos hoy en día?
De qué nos sorprendemos que estos jóvenes hayan aceptado un trabajo donde los trataban como esclavos. Donde trabajaban encerrados como animales. Si ante tanto desamparo nada importa, ni nosotros mismos.

Hoy lamentamos las muertes de esos jóvenes en un incendio, todos sentimos la misma desesperación al saber que estaban vivos esperando un rescate que no puedo darse. Pero, hasta cuando diremos NO ante tanta autoridad corrupta. 

La ignorancia sumada a la nula autoestima dan personas agradecidas porque alguien que los visita y les lleva politos, sin importar la corrupción que traen. ¿Quién es el culpable? ¿El pueblo? ¿el Estado?
Lo cierto es que nuestra sociedad se está convirtiendo en una sociedad sin alma donde nadie importa, donde ser «legal» no vale la pena, donde el olvido de nuestras autoridades nos han minimizado tanto que ya nadie valora nada, ni siquiera su propia vida.

miércoles, agosto 24, 2016

Madre solo hay una

Todos tiene una madre, yo creo que tuve dos. Cuando era niña tengo recuerdos de una madre cariñosa, buena y que se desvivía por cuidarnos, de aquellas típicas madres abnegadas que aguantaban de todo y anteponían todo por sus hijos.
Sin embargo, también tengo recuerdos de otra madre, la que me decía que era mala, la que resaltaba mis defectos, la que me excluía de todo, la que me hacía sentir sus preferencias y; claramente no era yo la preferida.
Esa madre me ha perseguido hasta mi adultez, por lo que decidí alejarme de casa. Esa madre que me perseguía con su mirada para gritar si algo hacía mal, la que claramente se avergonzaba por como soy, la que se resignó a tener una hija como yo.
Tuve la fuerte convicción de hacerla cambiar de opinión, de hacer las cosas bien para que ella lo note y deje de pensar que soy la mala, la floja, la rebelde. Nunca lo logré. Me fui de casa derrotada y me olvidé de su sombra y fui yo completamente sin que me afecten más sus palabras. Esas palabras que repitió tanto que todos lo creyeron y hasta yo me la creí.
Liberada de ella, pude hacer muchas cosas sola. Evitaba verla para que no me juzgue en todo mi proceso, jamás obtuve un respaldo suyo ante nada y fue bueno para mí.
Aun cuando yo creía que ya no podía decir nada que me molestara, recuerdo claramente el día en que le dije que estaba embarazada, no quería decírselo y quise dejar que se entere por su cuenta, pero la bonita situación que estaba pasando, con todos los cariños y saludos afectuosos por la felicidad de mi embarazo, me hizo pensar que la alegraría: No fue así.
Fue muy fría y nuevamente me catapultó con sus palabras: "ya me imaginaba". No hubo felicidad para ella, supongo que tampoco tristeza porque eso no le afectaba en nada, excepto en la vergüenza de decírselo a su familia. Luego sus llamadas para preguntar como estaba eran solo para decir "ya ves así es el embarazo". En otras palabras, luego de muchos años de librarme de ella todavía podía decirme que siempre esperó que "metiera la pata" y que ahora me aguante. Nunca me felicitó, siempre pensó "ya me imaginaba que arruinaría su vida", porque otro significado no le puedo dar a lo que pasó.
Hoy pienso que tal vez yo no le agradaba mucho ¿por qué tendría que caerme bien mi hijo si su personalidad no es algo que me atraiga? ¿Solo por ser mi hijo debo llevarme bien? yo creo que eso pasaba. Ahora que tengo mi familia, ya dejó de pensar en mí y tampoco me visita mucho. Así es mejor.
Ahora que soy madre la entiendo un poco y la quiero porque sé que es muy duro ser mamá y se sacrifica mucho de uno mismo, tal vez por eso se volvió así conmigo. Pero aunque sacrificas todo cuando son bebés, cuando van creciendo, poco a poco sigues con tu vida y eso es lo que ella hizo y la química entre nosotros no fluyó, yo la quería tanto que quería que fuera feliz conmigo, que no pensara esas cosas de mí y me olvidé de vivir y ser como soy.
Mis dos mamás me enseñaron una gran lección.

El pequeño David

Cuando lo conocí yo estaba buscando amigos y él también. Cuando nos conocimos fuimos amigos inmediatamente. Mas adelante supe que él al igual que yo había entrado al grupo parroquial porque se sentía muy triste. Sus problemas básicamente eran de amor. Él era una persona muy sensible, muy tierna, muy graciosa y romántica era tan femenino que siempre pensé que era gay. Fuimos los mejores amigos y esa sensibilidad suya lo hizo quererme tanto que cuando lo "abandonaba" por un tiempo literalmente lloraba. Aunque nuestras distintas actividades nos alejaban cada vez mas siempre nos hacíamos de un pequeño tiempo para vernos y contarnos todos lo que nos había pasado en el tiempo que nos nos habíamos visto...casi siempre hablaba él.
David fue mi primer mejor amigo, creo que cubrió la falta que me hacía tener una mejor amiga.
Poco a poco y con los años pude saber un poco más de él, supe que cuando nos conocimos acababa de tener una decepción amorosa y que cuando empezamos a hablarnos creyó que se había enamorado de mí. Cuando me lo dijo lo hizo como siempre de ese modo tan peculiar: "yo creí que estaba enamorado de ti pero ya no, ahora sé que eres mi hermana", lo dijo con esa voz de pito que le quitaba cualquier tono masculino que le hayan dado al leer esa frase.
Poco a poco supe que era demasiado sensible para ser un hombre en este mundo. Cuando me contaba que tenía enamoradas pero no quería estar con ellas pensé que en el fondo era gay y todavía no lo sabía, con toda la confianza que nos teníamos le preguntaba si él no había pensado lo mismo, pero estaba seguro que no y creía que algún día encontraría a la mujer ideal para él.
Cuando quería saber sobre su familia él se cerraba y me era difícil entenderlo, aun no sé bien su historia, solo supe que los padres que creyó tener no eran sus padres.
Cuando me vine a vivir a Lima, siempre me asaltaba la duda si lo dejaría de ver para siempre y me reconfortaba encontrarlo, realmente me ponía contenta de verlo.
Un día se fue, así como llegó a mi vida, de repente, de improviso y sin avisar, lo llamé y le pregunté porque no se había despedido de mí y solo me dijo que no le gustaba despedirse que debía irse de Perú y que nunca volvería.
Ahora es feliz en ese otro país que él dice que es suyo porque acá lo trataron mal y nadie lo quiso ni lo ayudó como lo hacen ahora, cuando yo le increpo y le aclaró que acá todavía estoy yo me da falsas esperanzas para tranquilizarme diciendo que vendrá en el momento menos pensado. Pero siempre surge algún imprevisto y cancela todo.
Hoy estoy más segura que nunca que él no volverá, contra todos mis pronósticos será padre y está muy feliz, dice que era lo que siempre soñó y encontró a la mujer de sus sueños. su historia aun no me queda clara pero no me sorprende nada de él siempre fue muy reservado para algunas cosas.
Solo me quedan los recuerdos de nuestra amistad y nuestras locuras y tal vez...tal vez algún día yo vaya por él.

viernes, abril 29, 2016

Anestesia

Cuando era adolescente siempre quise estar enfermar y hospitalizada para captar la atención de todos, moría por ser operada y quedarme una semana en el hospital.
Nunca sucedió y toda esa idea loca se me pasó en mi adultez. Un día empecé a tener dolores muy fuertes que me mandaban al hospital, consulté a varios médicos y todos coincidían en que debía operarme y que se trataba de una operación muy sencilla.
Esta vez la idea no me gustó pues ahora sí me preocupaba el factor económico algo que de adolescente ni siquiera se me pasó por la cabeza.
Averigüé sobre la operación y en efecto se trataba de algo muy simple, esta vez a diferencia de cuando era niña no quise que nadie sepa, fui a hacerme los exámenes y chequeos de rutina, a descartar ciertos quistes que tenía en el hígado y todo salió bien entonces fije la fecha para mi operación.
El día de la operación me sentía muy nerviosa, apagué mi celular para no recibir llamadas y me vi toda la mañana los capítulos de The Walking Dead de puro nerviosismo y de paso fui al baño como cien veces, salí muy temprano para internarme y creo que salí demasiado temprano porque no conocía la clínica a la que iba a ir, solo seguí las recomendaciones de mi doctor.
Cuando llegué llené y firmé muchos papeles donde en resumen yo me hacía cargo de todo y que la clínica no se hacía responsable. Como había ido de forma particular con mi médico si algo me pasaba era solo culpa del médico.
Firmé y me senté pensando en mi hijo y esperando que no se dé cuenta que ese día estaría ausente en la casa.
Cuando empezaron a hacerme los chequeos de rutina antes de la operación andaba un poco atolondrada como siempre que paso por algo nuevo. Creo que a las enfermeras les di pena por mi cara de susto porque me hablaban mucho.
Espere unos minutos más y ya todo estaba listo para adelantar mi operación…entré a una sala a desvestirme toda y despintarme las uñas, “puta madre” pensé con lo que me costó pintarme un día antes para no salir de la clínica como enferma.
Días antes de mi operación fui preparando mis cosas, mis cuentas, mis deudas, me corté y teñí el cabello pues ya no podría hacerlo hasta un mes después.
Cuando estuve en la sala y vi la luz que estaba encima de mí recordé la película “Anestesia” y pensaba en qué pasaría si me pasaba lo mismo si podía sentir todo el dolor y no podía moverme. O qué tal que no me despertaba más… se me cruzaba por la cabeza muchas cosas mientras trataba de mirar todo lo que había en esa sala.
Yo me encontraba en una camilla, sobre mí había una luz muy potente a mi lado había un monitor y unos aparatos con suero o algo que me estaban inyectando, había un doctor que tal vez era el anestesiólogo, a mi otro costado estaba un enfermero que parecía solo esperar a que inicie la operación, detrás de mí había un monitor de tv y al frente estaba mi doctor y en la pared un gran crucifijo…lo vi y le dije mentalmente “solo has lo que sea lo mejor para mi hijo”.
Cuando el anestesiólogo me inyectaba algo en la vena me decía “vas a sentir muchos mareos” y yo como siempre tengo prisa en todo pensaba “pero si no me pasa nada” como un minuto después todo en el techo daba vueltas con una fuerza increíble, “a qué hora me duermo pensaba” tenía prisa por saber qué se sentía estar anestesiada. Los doctores seguían hablando no sé de qué y yo seguía con los pies fríos de tanto nerviosismo. El doctor me vendó los pies para que no me siga enfriando y me dijo que no estuviera nerviosa.
Luego sentí que el anestesiólogo me estaba inyectando algo al tubito que tenía en la mano pero nadie me decía qué era. Hasta que mi doctor se dio cuenta y me dijo “vas a empezar a sentir sueño” yo miraba la luz pensando qué pasaría, se me cerraban los ojos y la segunda vez que parpadeé ya no tuve más recuerdos.
Luego desperté porque mi cuerpo saltaba con mucha fuerza, no veía nada pero escuché una voz que me gritaba “Elizabeth, tranquila ya te operamos” y todos mis recuerdos regresaron en ese momento, recordé que estaba operada y no debía moverme porque me podía “romper”. Luego dormí nuevamente y cuando abrí los ojos no veía bien pero si escuchaba, escuchaba a mi esposo y al doctor hablar que todo había salido bien. Escuchaba a una señora quejándose y no podía ver donde estaba, mi visión aun no regresaba. Luego creo que volví a dormir y volvía a escuchar sonidos, esta vez fueron gritos de un joven que por los efectos de la anestesia se retorcía con fuerza y tuvieron que amarrarlo. Cerraba los ojos y despertaba nuevamente y seguían con el joven y las enfermeras hablaban con el médico indicando que se iba a lastimar, creo que empecé a despertar mejor y una enfermera me vio moverme y dijo que ya me pasarían al cuarto.
Me llevaron con la camilla por unos pasillos hasta llegar a un ascensor y me trasladaron a la cama allí vi a mi esposo con cara de preocupado. Le pedí que me pasara mi libreta de apuntes ya que sabía que no podría hablar y le escribí que estaba bien.

Poco a poco me sentí más lúcida, solo con mucha sed pero al otro día volví a casa como si nada hubiera pasado.

miércoles, julio 15, 2015

El punto final

Cuando llegué a su casa ya estaba decidida. Me miró, sonrío y me hizo pasar, creía que esta vez sería una visita como cualquier otra. Esta vez no era así, hace ya algunos meses que había dejado de ser así.

Me hablaba sobre sus cosas y me contaba sus novedades pero yo solo pensaba en cómo empezaría a decirle todo lo que había practicado decirle cuando estaba a solas. La familiaridad con la que me hablaba y lo bien que me sentía junto a él me hizo pensar en que tal vez debería olvidarme el tema. No lo podía hacer.

Él notó mi distancia y me lo hizo saber, yo no tenía otra opción que terminar con todo lo que me había estado haciendo mal desde hace unos meses. Él, una vez más trató de defenderse con mentiras, yo esta vez no quería hacerlo sentir culpable. Dije solo una palabra y no pudo seguir sosteniendo su mentira, era muy malo con las mentiras cuando se las descubrían.  

Entonces empecé a decir las palabras más dolorosas para mí pero las que más me han enorgullecido en toda mi vida, palabras que nadie podría refutar y la conversación se convirtió en un monólogo:

“He entendido que esto debe terminar, te mentiría si te digo que es lo que quiero hacer y que me siento bien. No es lo que quiero pero es lo que debo hacer. Me he dado cuenta que tú estás buscando algo que yo no te puedo dar, que has llegado a una etapa donde quieres vivir nuevas cosas y aunque sientas que me quieres no puedes hacer todo lo que quisieras. Así, solo me siento un obstáculo en tu vida y no puedo seguir así”.

Mis palabras fluían con lágrimas en los ojos y hablaba lento muy lento, ya no tenía muchas fuerzas para pelear, ya solo me quedaba el dolor.

“Creo que nadie es culpable, a veces así se dan las cosas. Yo podría seguir así contigo pero tú solo estás a mi lado por pena, te veo inquieto, siento que necesitas estar libre y yo no puedo permitir que sigas buscando a otra estando a mi lado. No puedo permitir que nadie me humille de esa manera. También lo hago más por mí que por ti”.

“Seguramente, en unos meses se me pasará y conoceré a alguien como siempre ha pasado y esto habrá parecido un mal sueño. Gracias por haberme hecho sentir bien, gracias a tu familia por haberme acogido tantas veces”.

“Te voy a pedir que no me llames ni busques, porque no es fácil para mí desligarme de todo esto, por ahora no podemos ser amigos, solo me haría sentir peor, no quiero enterarme de tus cosas por ahora. Me tengo que ir a casa, ya dije todo lo que tenía que decir. Gracias”.

Cuando salí de allí, no podía ver nada, tenía los ojos llenos de lágrimas no quería que él me viera limpiarme los ojos hasta alejarme de allí. Caminé hasta la esquina, me limpié y esperé el bus que ese día llegó como si fuera mi cómplice, llegó justo a sacarme de ese lugar y llevarme muy lejos.

Me senté en el asiento frío y duro de la línea 46 y lloré mientras veía las calles tan grises como todo en Lima. Mientras recorría mi ruta pensaba en qué sería de mí ahora, qué haría sola en una ciudad tan fría, qué haría sin un lugar donde vivir, qué haría sin dinero. Y todo me pesaba cada vez más en el alma, lo único que no me pesaba era la decisión que tomé.

jueves, julio 09, 2015

LAS PÉRDIDAS


Dicen que cuando uno deja este mundo al final todo sigue igual contigo o sin ti. Pero creo que hay algunas personas que realmente afectan al mundo con su partida.

Muchas personas han muerto el año pasado y muchos personajes que eran mis favoritos y que me causó un gran shock el saber su partida. GABO a quien siempre admiré se nos fue y pensé que nunca más volvería a leer un libro nuevo suyo…pero ahora pienso que hace mucho que no sabía de él.

Cerati murió y pensé que ahora si murió la pequeña esperanza de escucharlo cantar una vez más…ahora pienso que Charly y Calamaro siguen vivos aún, todavía me quedan algunos más.

Chespirito murió y fue la tristeza más grande que pude sentir por alguien a quien no conozco personalmente. Sentí ese día que me quedaba sin fuerzas y que a mi querido chavito no lo volvería a ver en una entrevista o un homenaje. Siempre escucharlo era algo novedoso para mí.

Llegué a casa y solo quería estar echada viendo televisión y no sabía bien porqué, pero tenía ganas de llorar. Era como sentir pena sin saberlo, el no saber por qué estás triste elimina la parte desgarradora de una pérdida pero te deja la sensación de que algo no está bien contigo.

Recordaba a Don Ramón y lo mucho que aún se siente su partida pese a que cuando pasó yo era todavía muy chica, era tan niña que pensaba que había muerto por las cachetadas de doña Florinda.

Hoy los dos favoritos de mi serie de toda la vida ya no están, esa serie que puedo repetirla al compás de la televisión palabra tras palabra y que nunca me cansaré de ver. Esa serie que ha hecho reír a mi pequeño quien también ya colecciona sus videos.

Hoy, ya con más paz en mi corazón sigo lamentando su partida, sigo creyendo que en estos tiempos es menos probable que vuelva a nacer alguien como él, se acabó para siempre. Pero en mi casa siempre perdurarán los videos y un televisor sintonizando El Chavo.

jueves, junio 04, 2015

MI PEQUEÑO SUPERHÉROE


Hace cinco años, no podía imaginar lo que sería de mi vida. Hace cinco años tenía una inmensa barriga que todos admiraban y que yo llevaba como quien lleva una tarea por cumplir.

Mientras armaba su cuarto, su cuna, su ropa pensaba en cómo sería y en cuando lo empezaría a querer como esas mamás que de solo ver su ecografía lloran como si se les hubiera muerto alguien.

Trataba de imaginar cómo sería su cara, su cabello veía las fotos de los bebés en los pañales, miraba su ropa tan pequeñita, su cuna, sus pequeñas almohadas y leía todos los días mis folletos sobre cómo haría cuando lo tuviera en casa.

Leí mucho sobre sus llantos y todos los trucos para calmarlo, leía sobre cómo hacerlo dormir en su cuna y evitar la muerte súbita, leí sobre cómo bañarlo, cómo arrullarlo para dormir, sobre cómo amamantarlo, me leí todos los tips que tenía que hacer hasta que cumpliera un año, luego los folletos se hicieron más resumidos. Todo sobre su niñez hasta los cinco años estaban en un solo folleto. Y yo me preguntaba ¿y qué más? Quería saber todos los detalles de lo que sería tener un hijo.

Poco me importó todo lo que leí sobre el parto, con todo lo que había aprendido creí que estaba lista para ese día, me intrigaba más el bebé.

Entre más se acercaba el día, más me inquietaba porque sabía que pronto lo vería durmiendo en esa cuna que tanto admiraba todos los días. Sin embargo, me preocupaba no poder sentir amor por ese bebé, solo sentía curiosidad por verlo.

Cuando llegó no podía creer que fuera para mí, lo miré muy cansada y lo escuché llorar pero era como si no fuera mío. Cuando llegó a mi cuarto vestido con su enterizo celeste a rayas me di cuenta que era muy bello, pero yo solo quería dormir. Conforme fueron pasando los días lo iba viendo cada vez más hermoso y cada vez lo sentía más mío. Hasta que llegó el día en que no me pude separar más de él.

Abrí los ojos a la maternidad y lo amé de una forma inimaginable y empecé a pensar lo que toda madre piensa de su hijo: Es tan perfecto.

Aunque yo quería una mujer mi bebé era el más perfecto de todos los bebés, dormía toda la noche, se dejaba bañar tranquilo, tomaba su leche tranquilo, tomaba sus siestas 02 veces al día. Entre más crecía más lo amaba y mi vida empezó a girar en torno a él. Cuando alguien llegaba a visitarme no me importaba lo que hablaran, mis ojos no se despegaban de él y me inquietaba que nadie mirara sus gracias.

Cada mes lo celebré en casa hasta que llegó su ansiado primer año, aunque él no entendía nada yo me desvivía en celebrar sus cumpleaños. Cada año lo celebré de la forma en que podía y este año no fue la excepción.

Hoy con cinco años me sigue impresionando esa pequeña personalidad que va formando y me sigue pareciendo tan perfecto. Me gusta que vea el Chavo conmigo, me encanta que diga sus frases ocurrentes, adora mis dibujos y yo lo adoro más a él.

Son cinco años en los que aprendí que todos podemos ser mamá cuando tenemos un bebé en brazos. Todos cometeremos los mismos errores, todos tenemos el mismo miedo pero cuando existe amor en un corazón puede nacer una MAMÁ.

martes, marzo 17, 2015

Días tranquilos.

En estos días me he sentido tranquila. Demasiado para mi gusto. Como si hubiera vuelto al año 2008 y he recordado muchas cosas. Recuerdo que iniciando ese año algo se rompió dentro de mí y nunca más volví a sentir...no sé si esta bien la palabra apego, pero si lo esta la frase era: nunca mas volví a sentir apego por nada (La película de machín me arruinó la frase).
Ese año viví un episodio oscuro en mi vida pero uno de los más felices. Y de no haber sido por esa falta de "apego" hubiera terminado en tragedia.
También conocí a alguien que por mi falta de "apego" me dejó. Nunca nadie me había dejado pero gracias a esa falta de apego no me di ni cuenta que se fue. Si no fuera porque una vez me llamó en la madrugada no recordaba que se había ido de mi vida. Así de "desapegada" estaba.
También recordé un reencuentro con un amigo ese año, fue muy divertido y conté más de la cuenta.
Esa ruptura dentro de mí me ayudó mucho en la vida, al final quien provocó eso solo me hizo un favor.
Nunca antes me había divertido tanto, tanto tanto que perdía el conocimiento. Nunca antes había conocido a tantas personas a las que ya no recuerdo. Pero sobre todo nunca había sido tan fuerte emocionalmente y tan desapegada a todo.
Hoy a lo único a lo que no me puedo despegar es a mi hermoso hijo...hasta que èl se despegue de mí.

miércoles, abril 09, 2014

IMPRIMA NO DEPRIMA...¡Gracias Quino por el título!



Esta semana me ha tocado corregir un libro sobre la depresión y he tenido un flashback de mi adolescencia y adultez.

Nunca nadie me lo diagnosticó, ni nadie se dio cuenta de la depresión por la que pasaba y que se estuvo convirtiendo en una enfermedad crónica.

Cuando cumplí los 15 años, solía estar muy triste, muy confundida, era normal por la adolescencia pero ya a los 17 y 18 esa tristeza se fue profundizando y lloraba mucho porque no podía soportar tremendo dolor que me provocaba la soledad.

Según estudios esta enfermedad se incrementa en los meses de invierno y otoño y con la oscuridad pues el cuerpo produce una hormona que provoca la depresión. Se me vino a la mente que en invierno tenía una tristeza que no la podía controlar y me hacía llorar a solas. No entiendo como nadie se pudo dar cuenta. Además tenía mucho frío y sueño, los gritos sobre lo floja e inútil que era no me ayudaban mucho. Entonces mi autoestima se bajó un poco porque en realidad pensaba que era una inútil y tenía mucho miedo para hacer las cosas.

Sentía mucha frustración pues debía trabajar y estudiar y no sabía cómo hacerlo. Temía fracasar o que la gente de riera de mí. Otro síntoma que encontré era mi falta de apetito y mi delgadez extrema, no podía sencillamente comer por más que quería hacerlo. El insomnio fue otro síntoma que identifiqué más delante.

Las noches eran más abrumadoras y largas y simplemente no podía dormir toda la noche y me despertaba muy temprano, mi mente pensaba más de lo necesario y la tristeza era insoportable.

No me gustaba estar rodeada de gente prefería estar sola para pensar. Es más detestaba a la gente porque no me dejaba concentrarme en mis pensamientos, hablaban demasiado y de cosas que no entendía ni me interesaban. Solo cuando se me acercaban y me hablaban de cosas que sí me interesaban lograban captar mi atención.

Solo cuando alguien lograba captar mi atención y me alejaba de mis pensamientos podía sentirme feliz.

Siempre pensaba en morir, era mi deseo, dejar de existir y salir de todo para siempre. Muchas veces pensé en cómo sería si me muriera y empezaba a ordenar mis pocas cosas para “heredarlas”. Muchas veces veía carros conteiner o camiones altos y sentía la necesidad de lanzarme bajo el carro para demostrar que podría pasar entre ese espacio y ser más rápida que el carro. También eran pensamientos suicidas que más adelante descubrí.

A los 21 años, me empecé  a cuestionar estos estados depresivos míos. Me preguntaba qué me faltaba si tenía todo para ser feliz: Tenía una casa, a mis padres, amigos (pocos pero eran), salud, estudios. Me di cuenta que ya no era adolescente y que ya no era normal esos estados. Y me propuse a mí misma cambiar de actitud, ser más positiva y acudir a un psicólogo.

Cuando quise sacar una cita para psicología me cortaron el seguro universitario. Entonces me quedó el plan B, hacerlo por mí misma.

Luego de unos meses me di cuenta que lo estaba logrando, que mi cambio de actitud hacia la vida estaba dando sus frutos, ya comía de manera normal y me sentía feliz.

Poco a poco se fueron dilatando los insomnios y las ganas de llorar, las tristezas de invierno, los pensamientos suicidas, empecé a ganar peso y cuando menos lo pensé ni siquiera los verdaderos motivos de tristezas volvieron a sumirme en una depresión.

martes, marzo 25, 2014

¿Qué siente una madre al dar a luz?


¿Qué siente una madre al dar a luz?

 

Dolor, mucho dolor. Cuando mi hijo, luego de un fuerte empujón, salió de mi vientre sentí un alivio. Alivio de no tener que volver a sentir más ese fuerte dolor. Me equivoqué.

Cuando esperaba en cama muy cansada a que trajeran a mi bebé me pidieron que lo amamantara, la enfermera me retorció literalmente los pezones hasta lograr sacar algo de leche, eso dolió mucho y ese momento pensé “parece que el sentir dolor nunca acaba”. Esta vez no me equivoqué.

Empezaron los dolores en la espalda de tanto cargarlo, los dolores en el pecho cada vez que se enfermaba o le ponían sus vacunas, los dolores de cabeza cuando empezó a ir al nido, los dolores de bolsillo, los dolores en los ojos de tanto ver dibujos con él, dolores de garganta de tanto gritar “¡cuidado no toques eso!”, los dolores en el alma cada vez que otro niño se enfermaba o le pasaba algo, porque cuando eres mamá de uno eres un poquito mamá de todos.

En fin son tantos los dolores que uno siente, que te vas haciendo inmune a todo, al frío, al insomnio, a las crisis económicas, a las crisis existenciales, a los dolores de espalda, a las enfermedades, pero a lo que nunca te acostumbras es a las lágrimas de tu hijo o a cualquier dolor, por pequeño que sea, que pudieran causarle.

Hace unas semanas mi hijo me dijo “No quiero ir al colegio porque nadie quiere ser mi mejor amigo”, me recordó a cuando hace muchos años atrás mi hermana me contó que mi sobrina se había puesto a llorar porque una niña no quiso ser su amiga y en ese tiempo sentí tanta pena e impotencia de que no se pueda obligar a los demás a ser amigo de alguien que pensé que si tuviera una hija y me pasara lo mismo no lo soportaría.

Diez años después, estaba protagonizando la misma escena. Solo le dije que yo si quería ser su mejor amiga y sentí nuevamente ese dolor en el pecho que él calmó diciéndome “Yo no quiero ser tu mejor amigo” y lo remató con una hermosa sonrisa.

viernes, marzo 14, 2014

LOS PADRES


LOS PADRES

Cuando conocí a mi padre creía que era un señor que venía visitarnos de vez en cuando. Lo veía venir de vez en cuando y traernos cosas me quedaba dormida y al otro día desaparecía.

Cuando era niña llegué a preguntar quién era ese señor que venía cada cierto tiempo. Todos se rieron. Y allí supe que ese señor era mi papá.

Mi papá casi nunca estaba en casa y yo cuando lo veía me ponía muy feliz y apenas se iba preguntaba cuanto faltaba para que llegará nuevamente.

Cuando fui creciendo empecé a notar que no siempre se iba tan pronto solo que solía salir con sus amigos y cuando volvía lo hacía distinto y me daba miedo.

A veces le pedía que no saliera que se quedara con nosotros y me prometía que volvería pronto pero no lo hacía y nuevamente me asustaba cuando volvía.

Poco a poco dejó de gustarme sus visitas, ya no quería que estuviera en casa ni que volviera siempre ebrio porque a veces terminaba peleando con mi mamá.

Un día vi como una niña abrazaba a su papá y le pedía cosas y su papá la consentía en todo, sentí pena porque yo no podía tener eso. Mi papá nunca nos dio confianza para quererlo así y sus estados etílicos me asustaban y me alejaban cada vez más de él.

Hoy veo a mi hijo, lo feliz que es teniendo a su padre al lado, veo a su padre que lo cuida, lo quiere y le da tanta confianza para que su hijo se acerque a él y le dé un beso. Como para que su hijito tan pequeñito le cuente sus cosas.

Veo a su padre preocupado por su alimentación, su salud, porque esté feliz, renunciando a todo para que su hijo tenga un día divertido y feliz junto a la familia.

Veo como cada día ese lazo se fortalece cada vez más y no como en mi caso que cada vez se rompía. Y doy gracias a Dios porque cada vez hay mejores padres y doy gracias porque mi hijo haya nacido en otra época, en una época en la que ser el concepto de ser padres es distinto.

 

sábado, febrero 08, 2014

El amorcho (quinta parte y final…al fin)

El amorcho (quinta parte y final…al fin)

Entre tantas cosas que pasé con el amorcho y tantos cambios que tuvimos noté un cambio radical en él. Quería tener un hijo. No sé si él se daba cuenta de la magnitud de lo que quería, pues si le daba miedo casarse tener un hijo era algo mucho más grande. Pero en fin, dejé que todo fluyera como Dios quisiera que fuera, iba a cumplir 30 años y tenía que decidir si tener familia o no.  Decidí esperar un poco. El amorchito no quiso esperar. Un día me hice la prueba y salió positivo. Ese día supimos que seriamos padres y que estaríamos juntos para siempre.
El amorcho fue el más feliz con la noticia y desde ese día se dedicó a mí y al bebé. Nos fuimos a vivir juntos a un departamento, preparamos el cuarto del bebé y esperamos los nueve meses a que llegue nuestro amorchito.

Cuatro años después ya casados tenemos muchas fechas por celebrar juntos y aunque no somos la pareja perfecta esperamos continuar muchos más años juntos y con menos conflictos.

El amorcho (cuarta parte)

El amorcho (cuarta parte)

Empecé a hacer una vida sola, con nuevos amigos, con trabajo y con mi familia de siempre. Cuando el amorcho me buscaba, salíamos pero yo ya no lo quería más a que a mí, por lo tanto solo salía con él como amigo y salía con otra persona.
A veces el amorcho me robaba besos y ahí me daba cuenta que ya no lo quería pero lo dejaba porque parecía que eso lo hacía feliz y le hacía creer que yo todavía estaba enamorada de él, ya no me importaba. Tal vez en el fondo quería que se ilusionara para que cuando sepa que estaba con otra persona se sintiera dolido como lo estuve yo, tal vez.
Cuando la persona con la que salía me asustó un poco por la seriedad que tenía en la relación decidí alejarme y empecé a salir con un ex que nunca fue mi novio de verdad. Siempre fue divertido estar con él, esta vez estábamos realmente solos los dos pero nunca nadie dio el primer paso. Y así quedó, para siempre.
Mientras tanto el amorcho continuaba en sus intentos de ser nuevamente el que fue y que volvamos a ser lo que fuimos. Está vez yo, debo admitir, me aprovechaba de él cuando lo necesitaba y no le tomaba importancia.
Un día luego de algunos meses el amorcho me dio un beso y sentí algo raro ya que un día antes había estado con mi ex y me di cuenta que sus besos ya no me gustaban. Cundo el amorcho me besó me di cuenta que me gustaban más los de él. Y no volví a ver a mi ex.
Sé que pensarán que estuvo mal lo que hacía, pero era parte de esa etapa confusa que tuve en que costaba estar sola, pero sabía que no debía volver con quien me hizo daño.
Cuando pensaba en tomar la decisión de volver con él, no me animaba porque no podía confiar y siguieron pasando los meses. Él, debo admitir hacía todo su esfuerzo por volver a enamorarme, llegaba al trabajo a buscarme llevando cositas para el lonche, un día cuando me besaba me dijo “entre más tiempo paso contigo menos entiendo qué fue lo que pasó” quise responderle que lo que pasó fue que quiso estar con otra persona y se le olvidó decírmelo y me mintió hasta que lo descubrí, pero me quede callada. Nunca respondía a esas cosas, para mí no había nosotros, no quería volver a enamorarme de él.
Después de algún tiempo me tocó decidir y sopesar todo lo que él había hecho y me enamoré nuevamente. Luego de un difícil trabajo de concentración, decidí olvidarme de todo y dejar ese mal recuerdo si quería que eso funcione. Y lo hice, fuimos pareja nuevamente por dos años más.
Pasamos buenos momentos juntos, éramos ya una pareja más sólida hasta que empezaron los planes juntos ya para ese entonces yo tenía 28 años creí que era hora de empezar a armar nuestros planes de futuro, empezar a vivir juntos comprar nuestras cosas y luego casarnos, cuando escuchó la palabra casarnos se quedó callado. Solo decía que ya.
Al otro día me dijo que no estaba listo todavía para todo eso y yo ya más madura pensé que si un hombre de 30 años que está desde hace muchos años contigo te dice que no está listo para formalizar nunca lo estará. Así que sin tanto dolor ni nada le dije que era mejor dejar las cosas hasta ahí porque nada me garantizaba que cuando llegue yo a los 30 él siga estando no preparado para algo que prácticamente vivíamos día a día. Y le pedí que se lleve sus cosas de mi cuarto al siguiente día cuando se fuera.
Así lo hizo aunque se olvidó algunas cosas, esta vez ya no sufrí solo me dediqué a salir más y conocer a más gente. Pero estaba convencida que si él no me lo pedía yo ya no volvería con él.
Así pasé mis últimos años de soltería, saliendo, conociendo gente hasta que me di cuenta que cada chico que conocía no era compatible conmigo. Conocí a alguien de quien casi me enamoro pero era alguien prohibido para mí. Luego salí con otra persona de quien casi me enamoro pero preferí no hacerlo así que aproveché y cambié de casa y de teléfonos. Debo aclarar que cuando salía con alguien dejaba de ver al amorcho. Creo que también él estuvo saliendo con alguien.
Cuando ya me había acostumbrado a estar sola el amorcho me dijo sí quiero estar contigo vivamos juntos, por ahora lo de casarnos si me da miedo todavía, pero aprovechemos viajemos. Pensé en todo lo que dejaría de hacer estando con pareja y le dije que no que ya estaba acostumbrada a estar sola y que no lo quería ilusionar pero si me enamoraba de alguien ya no lo volvería a ver.
No sé si alguna vez me creyó o me entendió, pero él siempre pensaba que dijera lo que dijera estábamos juntos, yo hacia mi vida igual, porque nunca más volví a querer a alguien más que a mí.

Entre esas andaba, en que salíamos juntos cuando estábamos solos y cuando había alguien no, cuando me dijo que quería definir todo, que no podíamos seguir así. Me costó mucho decidir porque no quería perderlo, esta vez todo era al revés todo estaba a mi favor él quería vivir conmigo, él quería una relación seria conmigo, pero yo había probado la libertad y no la quería perder, pero tampoco quería perderlo a él. Le dije que sí, pero que me diera tiempo de acostumbrarme nuevamente a caminar con alguien de la mano, a decir que tengo pareja y todo eso. Él aceptó.

El amorcho (tercera parte)

El amorcho (tercera parte)

Es el tercer post que escribiré sobre el amorcho y aún no he contado porque terminó con esa denominación. Haré un paréntesis antes de empezar mi tercera historia:
Un día viendo una serie llamado “Mi problema con las Mujeres” vimos a un personaje llamado “Carolina” que era una de las mujeres de su historia y la personalidad de Carolina era la de una mujer creyente de que la felicidad es una familia llena de hijos y tenía una forma empalagosa de tratar a su novio siempre le decía “amorchis” como siempre he detestado tanto esas expresiones tan irritantes de cariño al amorcho no se le ocurrió mejor manera de llamarme por molestarme que decirme “amorchis” y entre tanto y tanto le dije un día “está bien amorcho” noté que no le gustó así que así se quedó como mi amorcho y cuando nació nuestro pequeño hijo terminó siendo el “amorchito”. Por cierto él nos nombra a todos como “amorchis, “amorcho” y “amorchito”.
Regresando al tema, el amorcho y yo pese a muchas situaciones difíciles que pasamos cuando empezamos a salir juntos vivimos un romance de película que duró aproximadamente 02 años, el equivalente a las dos horas que duran las películas en horas cine.
Luego de casi dos años juntos, cada día que pasaba a su lado me enamoraba más y más de él hasta que llegó un momento en que lo quise más a él que a mí. Todo mi pensamiento giraba en lo que le gustaría, en lo que le enseñaría que había aprendido o conseguido, en la nueva música que seguro le gustaría en las historias que le contaría de todo lo que había visto y no me di cuenta que él cada vez estaba más distante de mí. Dicen que le amor es ciego y es cierto.
Un día noté que él ya no me quería como antes y me costó aceptarlo. Empezaron las peleas a sospechar cosas que me hacían ver una loca y me sentía como una loca de verdad. No podía saber si era cierto su cambio o eran ideas mías. Cuando estaba segura que ya no me quería y le pedía que me lo dijera me decía que no era cierto y me confundía mucho, además porque en el fondo eso era lo que yo quería creer aunque sabía que le que mentía era él.
Sospeché que había estado saliendo con aquella amiga del primer post y esta vez sí lo noté enamorado. Pero no sabía cómo decirle eso porque me avergonzaba mucho. Pero un día me armé de valor y se lo dije, se molestó conmigo y lo negó luego me dijo algo que se quedó grabado en mí hasta hoy ya que nunca nadie me había dicho algo así. “Te quiero, pero ya no es igual, es un cariño más de familia” elegantemente estaba terminando conmigo porque ya no me quería.
Entendí porque muchas chicas que conocí, lloraban y sufrían tanto cuando sus enamorados las dejaban. Era como si te dejaran sin futuro porque ya tenías tantos planes con esa persona hasta que de lo que harías la siguiente semana y ya no sabías nada ni siquiera qué hacer contigo.
Aunque sus palabras me dolieron quise ser fuerte e irme para siempre, pero él me detuvo para intentar borrar todo lo que dijo y que todo quedara igual. Para que no me insistiera tanto fingí que todo estaba bien, pero por dentro sabía que todo se había terminado, no me gusta que me tengan lástima.
Los tiempos no los recuerdo bien, solo recuerdo que nos vimos después él haciendo el esfuerzo porque todo sea como antes y yo dándome tiempo y fuerzas para dejarlo de una vez.
Después de mucho pensar y escribir y de no saber qué hacer decidí irme a casa de mi mamá con mi familia a pasar unos días, yo le tenía preparado una sorpresa para el Día de San Valentín desde casi un mes atrás y solo me quedó entregárselo porque ya estaba hecho y así despedirme de una vez.
Cuando estuve en casa de mi mamá me llamaba siempre como conmovido por el regalo que le hice, pero yo ya estaba decidida a no recibir más su lástima. Sin embargo, algo no encajaba sabía qué había alguien pero no lo podía saber y él nunca me diría la verdad, sentía que me volvía loca porque por un lado él me buscaba y por otro lado estaba segura que estaba enamorado de otra y estaba segura que era de aquella amiga. Luego pensaba que ella no podía hacer eso y hablarme como si nada pasara y si lo hacía ¿él sería capaz? Todo parecía tan confuso porque en ese momento yo confiaba en los dos y pensaba que los dos eran buenas personas.
Como fuimos novios por dos años y nos tuvimos tanta confianza yo sabía la clave de su correo, así que un día entré para saber si hablaba con ella pero no encontré nada. Luego recordé que tenía otro correo y entré y allí encontré todas las respuestas.
Lo que sentí es inexplicable, fue un alivio en saber que no estaba loca y que sí había algo detrás de todo y una desesperación al darme cuenta de lo que eran las personas que me rodeaban y que no las podía reconocer.
Sentí rabia con los dos por burlarse de mí, hubiera sido menos doloroso que me lo dijeran me hubiera quedado en el primer dolor y no hubiera tenido que pasar por el segundo.
El primer día lloré mucho de rabia por ser tan tonta y confiada. El segundo día me sentí mejor porque muchos amigos estuvieron a mi lado. El tercer día estuve más tranquila y ese día me tocó hablar con él. Las cosas ya habían cambiado ya no era él el que terminaba conmigo sino yo. Cuando dijo que estuvo confundido pero perderme lo había hecho reaccionar y darse cuenta que era a mí a quien quería me volvió el alma al cuerpo y quise seguir con él engañándome a mí misma para sentirme mejor.
Creo que él nunca tuvo tiempo de pensar y no pudo darse cuenta en realidad de lo que se siente perder a alguien, pasaron unas semanas y lo noté igual nuevamente. Tuve que tomar la decisión final por mi bien ya los demás no me importaban. Empecé a quererme nuevamente.

Así que fui a su casa y le dije que lo dejaba con sus cosas a que intente y viva las cosas que no puede vivir estando conmigo. Le di su libertad, algo que debí haber hecho hace mucho tiempo. Y esta vez sí me fui para siempre diciéndome a mí misma la próxima vez que lo vea será solo si él me busca.

sábado, enero 18, 2014

El amorcho (segunda parte)

Cuando el amorcho y yo salíamos a conversar o cuando me acompañaba a casa luego de hacer un trabajo la gente murmuraba mucho. Todos creían que entre él y yo había algo más, me molestaba que la gente no pudiera entender una amistad sana y que si hubiera algo no habría porque ocultarlo.
El último año que salimos juntos como amigos nos acercamos mucho, tanto que yo empecé a pensar qué pasaría si fuéramos novios. No lo podía imaginar.
Me sentía muy a gusto a su lado y cada vez se me hacía más difícil separarme de él. No sabía exactamente que era lo que él quería. Pasábamos tanto tiempo juntos que los acercamientos eran cada vez mayores y estábamos rompiendo la barrera de la intimidad, no de lo sexual específicamente. Nos tomábamos de la mano, nos abrazábamos, nos mirábamos tan cerca que nuestras narices chocaban pero nunca pasó nada más. Me empezaba a confundir.
Un día le pedí que me abrace fuerte un poco con la finalidad de dar pie a que pase algo y definir ya que era lo que pasaba. Me abrazó, lo miré, estuvimos tan cerca pero él nunca dijo nada solo me abrazaba.
Un día también fui a su casa como quedamos y estaba con sus primos un poco tomado y me pidió disculpas porque ellos llegaron de improviso y no pudimos salir, me estaba yendo cuando sus primos detrás de la puerta empezaron a cantar canciones románticas, un poco generado por el alcohol y él también un poco motivado por el alcohol se me acercó y trató de decirme algo me asusté y le dije que era mejor que me vaya de un vez y me fui.
Así nos llegó el verano sin que él nunca definiera nada porque yo nunca lo iba a hacer. Creo que la mujer nunca debe ser directa, usamos siempre pequeñas trampas para que sea el otro quien lo diga, pero en este caso ningún truco me funcionó.
Llegó el verano y yo empezaba a dudar que él quisiera algo conmigo realmente, creí que solo le gustaba una amistad como la nuestra que nunca nadie entendería.
Cuando llegaba el verano él se iba a pasar vacaciones a su ciudad con su mamá y ese verano por más que le pedí que no fuera porque me iba aburrir sola, se fue. Luego a diferencia de otras veces que llamaba todos los días ya no llamaba tanto. Decidí salir a relajarme porque al fin y al cabo no éramos nada.

Un día llamó un amigo a casa, era alguien a quien había dejado de ver por mucho tiempo y su llamada fue muy sorpresiva. Quedamos en salir a conversar y eso hicimos.
Pasamos una semana saliendo y conversando de muchas cosas y había algo raro entre nosotros, era como si nuestras mentes hubieran seguido conectadas a pesar del tiempo y la distancia.
Una noche me besó y le dije que me gustaba ser solo su amiga, me dijo que lo seguiríamos siendo, que estábamos solos los dos y yo pensé en ese momento en el amorcho en lo que pensaría él y también pensé que había pasado tanto tiempo que tal vez la ida era solo mía y que era mejor continuar con nuestras vidas.
Empecé a salir con este amigo y era muy divertido estar con él, él era muy tierno, muy lindo pero solo cuando quería serlo a veces era muy distante y me confundía.
La pasamos muy bien y el verano se terminó, entonces el amorcho regresó y la ex del chico con quien salía también volvió. Luego la ex reclamó porque había quedado en volver con él solo que lo estaba pensando en el verano y me lo dijo. cuando el amorcho volvió me di cuenta que no iba a poder decirle que estaba con otro y que me importaba más de lo que yo creía, así que hablé con el chico con el que salía y le dije que era mejor no continuar porque su ex se sentía engañada por él, pero por más explicaciones lógicas que me dio a mi no me importaba porque en realidad no terminaba con él por celos sino porque no me sentía segura del paso que di.
Estaba entre los días en que le hacía entender que todo terminó cuando el amorcho que me conocía muy bien se dio cuenta que algo pasaba y me preguntó y me insistió tanto para que se lo diga que me sentí mal porque nosotros siempre nos contamos todo. Se lo dije y se puso muy triste y después de muchos años justo en ese momento me declaró su amor.

sábado, septiembre 28, 2013

El amorcho

Cuando ingresé a la universidad, tenía una especie de novio a distancia, lo conocí en la pre un par de meses, nos gustamos y antes de que él regresara a su ciudad decidimos salir juntos. aunque poco tarde. Desde allí estuvimos seis meses juntos casi sin vernos.
Cuando inicié la universidad, conocí al amorcho era delgado, de piel blanca y algo desabrido. Yo me acerqué a hablarle porque me parecía que era de mi escuela y porque parecía un chico tranquilo. Conversamos mucho mientras esperábamos al director de escuela, hasta que decidimos irnos, era muy agradable hablar con él y siempre tenía un tema de conversación, todo eso lo noté en solo unas horas de hablar con él, tengo el don de conocer a la gente más rápido de lo que ellos logran conocerme a mí. Entre esos pensamientos estaba cuando me dije a mí misma "¿y si me llegara a enamorar de él?", volteé a mirarlo y me dije nuevamente "no es tan guapo".

Pasaron meses y nuestra amistad fue más cercana por más esfuerzos que hacía por no tener amigos en la universidad. Teníamos trabajos grupales, iniciamos grupos de estudios y poco a poco nos fuimos acercando más, hasta que lo deje entrar a mi vida como el mejor amigo que nunca tuve.

Pasábamos mucho tiempo juntos, le empecé a tener más confianza, creí sospechar que le gustaba pero no me importó pues yo no quería nada más que una amistad. Cuando se acercó a una chica lo alenté para que tuviera una enamorada, pero cuando se empezó a distanciar de mí dejó de gustarme la idea. Poco a poco vi que él se alejaba de ella y eso me dejó más tranquila. Todo volvía a ser como antes. Para eso yo seguía con mi novio a quien nunca veía y con quien ya tenía más de un año.

Me gustaba más estar con mi amigo que con mi novio, alguna vez me cuestioné eso pero no supe entender bien que pasaba, yo creía que era una confusión tonta pues tal vez le gustaba pero no quería estar conmigo y ese tipo de cosas yo lo comprendía perfectamente. Me cuestionaba a mi misma si me gustaba y ahora a diferencia de la primera vez lo veía "lindo" pero pensaba que no podía ir más allá.

Llegó un momento en que mi novio me pidió que me alejará de él pues no aguantaba las burlas de los demás. Lo prometí pero no pude hacerlo, pensaba que él no tenía la culpa de las inseguridades de otra persona y que no podía dejar una amistad por una relación que quien sabe cuánto duraría.

Entre más tiempo pasaba y viendo a mi amigo tan solo creí que yo le podría conseguir a una chica que le guste y así le haría un favor a alguna amiga pues era un tipo muy bueno.
Le presenté a una amiga que quedó flechada por él pero con quien nunca intentó nada. Luego le hablé a otra amigo sobre él y cuando lo conoció también quedó flechada, pero ella a diferencia de mi otra amiga no se quedó esperando a que él la llame o la busqué sino que fue ella quien empezó a buscarlo. Dejé que todo fluyera entre ellos, hasta que noté cierta rivalidad de ella contra mí, creía que tal vez pensaba al igual que todos que él estaba enamorado de mí y como ella quería algo con él pues le molestaba verme pasar tanto tiempo con él. Decidí no interferir en nada.

Un día lo encontré en casa de mi amiga cuando fui a visitarla por su cumpleaños y junto con un grupo de amigos salimos. Ese día lo vi alejado de mí y estuvo con ella, algo que nunca antes me había pasado pues siempre estábamos juntos. Luego se acercó a mí y me contó muy avergonzado, casi sin querer hacerlo que estaba con mi amiga. Yo me sorprendí y lo felicité y le pregunté que tal les iba y lo que me dijo fue algo muy extraño para mí en ese momento que me dejó muy triste pues yo lo quería mucho.

Me dijo que ella había insistido en salir que lo buscó y que a él eso le gustó que sea la mujer quien tome la iniciativa y empezaron a salir hasta que ella se le declaró y lo besó y que él al principio le gustó eso pero que luego ya no. Que peleaban demasiado porque ella pensaba que él estaba enamorado de mí y que en ese mismo momento acababan de pelear por quien debía decírmelo él quería que fuera ella y ella como era lógico quería que fuera él.

Me dio pena que le estuvieran haciendo eso a mi amigo pues creía que no se lo merecía, merecía estar feliz con alguien y lo último que me dijo fue que era feliz, solo me dijo que lo estaba intentando y que iba a hacer el esfuerzo porque todo funcione. Ese noche los observé, a él alejado de ella y a ella feliz junto a él, algo no estaba bien.

Llegué a casa y solo pensaba en lo que me dijo y no supe bien que me pasó pero me puse muy triste, pensé en si yo estaba enamorada de él, cómo lo sabría?, si fuera cierto, ya no podría hacer nada, él estaba con una amiga mía, era haber cerrado esa puerta para siempre y lloré mucho pero en ese momento  no sabía porque me sentía tan triste. Pensaba y pensaba en si era porque no lo vi feliz o si era por mí.

Ese día descubrí que algo no estaba bien conmigo, no podía asegurar si estaba enamorada de él pero lo que si supe es que no estaba enamorada de mi novio y terminé con él.  Cuando él lo supo también terminó con ella. Y luego de varios meses entre los que solucionamos nuestros líos amorosos volvimos a ser los amigos de siempre.

 

sábado, agosto 31, 2013

El muchacho de los ojos tristes ...15 años despuès

El muchacho de los ojos tristes apareció 15 años después. No sé cómo ni porqué lo llamé y me invitó a salir. Estaba en una etapa en la que lo único que quería era salir y conversar con alguien todos los días.
Llegó una noche de verano a buscarme, estaba igual como lo recordaba: delgado. Yo me sentí muy cambiada a su lado, me sonrío y fuimos a cenar o a tomar algo los detalles ya no los recuerdo bien, le pregunté sobre su hermano, su familia, su trabajo y el respondía todo. Luego empezó a preguntar él sobre mis cosas hasta que llegó la infaltable pregunta "¿estás saliendo con alguien?" detestaba esas preguntas porque te das cuenta que no sales con alguien en plan de amigo. Le conté mi historia bastante resumida y sin ningún detalle "No, estuve con alguien bastante tiempo, terminamos, volvimos y nuevamente terminamos hemos quedado como amigos".
Me contó sobre él que no salía con nadie y que siempre estaba solo, para cortar esa conversación le dije "te ves igualito a como te recordaba del colegio" y él respondió "tú te has convertido en una hermosa mujer" noté que no dejaba de mirarme los pechos porque como era verano usaba un polo con escote. Yo creo que él me recordaba muy flaca y sin pechos así que le llamaba la atención ver que había crecido.
En verdad conversar con él no me divertía mucho, así que tuve que recurrir al tema que siempre nos uniría: la secundaria.
Le pregunté sobre su hermano y su novia de aquellos tiempos y me confesó que fue él quien le insistió que terminara con ella y que nunca más la llamara. Que le molestaba que ella siempre lo tratara mal y que en Lima había conocido una chica que le gustaba, así que solo le dio un empujoncito. Yo le dije que fue muy cruel porque ella sufrió mucho, luego me quedé callada porque pensé que era mejor no meterme en algo que había pasado hace muchos años y que seguro ya nadie recordaba.
Luego me empezó a contar sobre el día en que se declaró y lo mucho que le afectó...yo me quedé muda y solo pude decir "yo estaba muy niña para eso". Me siguió contando que se sintió muy afectado y estuvo con algunas chicas pero sin estar enamorado así que se comportó muy mal con ellas, luego se dio cuenta que ellas no tuvieron la culpa de nada, me habló de una chica en especial que era prima de una amiga mía.  Me dijo que se sentía muy mal con ella y que si tuviera la oportunidad de pedirle disculpas lo haría. Mientras él contaba esa historia recordé la vez en que lo encontré en su auto y que simplemente no me habló nada y mientras hablaba con mi amiga de su ex solo se dirigió a mí para decirme "por tu culpa me porté así". Luego de muchos años recién pude entenderlo.
Yo también le pedí disculpas por lo que pude haber hecho y me preguntó si me gustaba alguien del colegio o si había estado con alguien. Mentí y le dije que no, pero por su pregunta supe que algunas personas, incluido él, ya se habían enterado que estuve con un chico de colegio luego de haberle dicho que no a él. Ese será tema de otro post.
Luego de una larga conversación, le dije que debía irme a casa porque tenía que trabajar al día siguiente, me acompañó y se fue.
La siguiente semana me llamó para invitarme a cenar y yo no sé porqué acepté. Comimos chatarra, hablamos entonces empecé a hablar y hablar sobre las cosas que me gustaban y él me escuchaba luego me contó sobre su eterna mala suerte, sobre su familia y otras cosas que no recuerdo porque la conversación no se me hacía agradable que no es lo mismo que decir que fue desagradable.
Luego salimos unas veces más en las que me acompañó a hacer unas compras sentía que era la única manera de salir y no sentirme incomoda, por suerte él disfrutaba de acompañarme a comprar.
La última vez que lo vi fui yo quien lo llamé, debía viajar a Trujillo y todo me abrumaba, cabe decir que llamé a muchas otras personas antes pero nadie podía acompañarme al terrapuerto, así que tuve que recurrir a él que llegó de inmediato, me acompañó y esperó a que el bus saliera.
Cuando volví a Lima traté de evadir toda salida con él ya que me parecía que estaba alimentando falsas esperanzas conmigo y no quería que me odiara por 15 años más, solo hablamos por teléfono y le decía que estaba enferma o que iba a viajar o que ya tenía planes. En esas estaba hasta lograr que se diera cuenta que seriamos solo amigos cuando por azahares del destino salí embarazada (también será tema para otro post) así que tenía bastante con la noticia como para resolver el tema de los demás y me desconecté totalmente, me llamó una última vez y no contesté, luego creo yo que se enteró de mi embarazo. Hasta el día de hoy no lo he vuelto a ver.

Pero en los últimos meses me he dado cuenta que soy una muy mala persona y que he dañado a mucha gente con mi egoísmo, mientras siempre pensé que hacía lo correcto. Poco a poco iré relatando alguna de esas cosas que hasta hoy me he dado cuenta que no estuvo bien.