martes, marzo 25, 2014

¿Qué siente una madre al dar a luz?


¿Qué siente una madre al dar a luz?

 

Dolor, mucho dolor. Cuando mi hijo, luego de un fuerte empujón, salió de mi vientre sentí un alivio. Alivio de no tener que volver a sentir más ese fuerte dolor. Me equivoqué.

Cuando esperaba en cama muy cansada a que trajeran a mi bebé me pidieron que lo amamantara, la enfermera me retorció literalmente los pezones hasta lograr sacar algo de leche, eso dolió mucho y ese momento pensé “parece que el sentir dolor nunca acaba”. Esta vez no me equivoqué.

Empezaron los dolores en la espalda de tanto cargarlo, los dolores en el pecho cada vez que se enfermaba o le ponían sus vacunas, los dolores de cabeza cuando empezó a ir al nido, los dolores de bolsillo, los dolores en los ojos de tanto ver dibujos con él, dolores de garganta de tanto gritar “¡cuidado no toques eso!”, los dolores en el alma cada vez que otro niño se enfermaba o le pasaba algo, porque cuando eres mamá de uno eres un poquito mamá de todos.

En fin son tantos los dolores que uno siente, que te vas haciendo inmune a todo, al frío, al insomnio, a las crisis económicas, a las crisis existenciales, a los dolores de espalda, a las enfermedades, pero a lo que nunca te acostumbras es a las lágrimas de tu hijo o a cualquier dolor, por pequeño que sea, que pudieran causarle.

Hace unas semanas mi hijo me dijo “No quiero ir al colegio porque nadie quiere ser mi mejor amigo”, me recordó a cuando hace muchos años atrás mi hermana me contó que mi sobrina se había puesto a llorar porque una niña no quiso ser su amiga y en ese tiempo sentí tanta pena e impotencia de que no se pueda obligar a los demás a ser amigo de alguien que pensé que si tuviera una hija y me pasara lo mismo no lo soportaría.

Diez años después, estaba protagonizando la misma escena. Solo le dije que yo si quería ser su mejor amiga y sentí nuevamente ese dolor en el pecho que él calmó diciéndome “Yo no quiero ser tu mejor amigo” y lo remató con una hermosa sonrisa.

viernes, marzo 14, 2014

LOS PADRES


LOS PADRES

Cuando conocí a mi padre creía que era un señor que venía visitarnos de vez en cuando. Lo veía venir de vez en cuando y traernos cosas me quedaba dormida y al otro día desaparecía.

Cuando era niña llegué a preguntar quién era ese señor que venía cada cierto tiempo. Todos se rieron. Y allí supe que ese señor era mi papá.

Mi papá casi nunca estaba en casa y yo cuando lo veía me ponía muy feliz y apenas se iba preguntaba cuanto faltaba para que llegará nuevamente.

Cuando fui creciendo empecé a notar que no siempre se iba tan pronto solo que solía salir con sus amigos y cuando volvía lo hacía distinto y me daba miedo.

A veces le pedía que no saliera que se quedara con nosotros y me prometía que volvería pronto pero no lo hacía y nuevamente me asustaba cuando volvía.

Poco a poco dejó de gustarme sus visitas, ya no quería que estuviera en casa ni que volviera siempre ebrio porque a veces terminaba peleando con mi mamá.

Un día vi como una niña abrazaba a su papá y le pedía cosas y su papá la consentía en todo, sentí pena porque yo no podía tener eso. Mi papá nunca nos dio confianza para quererlo así y sus estados etílicos me asustaban y me alejaban cada vez más de él.

Hoy veo a mi hijo, lo feliz que es teniendo a su padre al lado, veo a su padre que lo cuida, lo quiere y le da tanta confianza para que su hijo se acerque a él y le dé un beso. Como para que su hijito tan pequeñito le cuente sus cosas.

Veo a su padre preocupado por su alimentación, su salud, porque esté feliz, renunciando a todo para que su hijo tenga un día divertido y feliz junto a la familia.

Veo como cada día ese lazo se fortalece cada vez más y no como en mi caso que cada vez se rompía. Y doy gracias a Dios porque cada vez hay mejores padres y doy gracias porque mi hijo haya nacido en otra época, en una época en la que ser el concepto de ser padres es distinto.