Cuando duerme lo miro y lo amo tanto. Cuando despierta temprano y llora siento que lo odio.
Salgo a buscar sus pañales, a preparar su jugo y me desespero porque debo lavarle la ropa, cocinarle, bañarlo, cambiarlo, darle de comer cada tres horas, hacerlo dormir y se me va el día sin que yo pueda descansar. Me lleno de amargura. Me siento frustrada al ver que no puedo hacer todo lo que quiero.
Cuando me abraza, se ríe conmigo y se siente feliz de que esté a su lado me olvido de todo y yo también me vuelvo feliz. Tomo nuevas fuerzas para darle todo lo que necesite.
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